Talento

Palabras para la entrega del Premio Fuencisla García Nieto – 15 junio 2016 Colegio Champagnat de Salamanca

             En primer lugar quería dar las gracias a los organizadores, el AMPA del Colegio Champagnat y al propio colegio, por invitarme a  esta entrega de premios literarios que es también un momento de fiesta, una ocasión para encontrarse y celebrar juntos que todos somos capaces de inventar, de disfrutar leyendo nuevas historias y de reconocer el trabajo y el talento de los demás.

Y del talento, precisamente, es de lo que quería hablar esta tarde, aunque sea muy brevemente.

A menudo pensamos que las personas con talento son algo excepcional. Que el talento solo se da en raras ocasiones. Por supuesto, esto no es cierto. La gente normal estamos llenos de talento. Lo que nos falta, a menudo, es descubrirlo, y atrevernos a disfrutarlo.

Porque, ¿qué es el talento? ¿Es ser un genio? En absoluto. ¿Es poder hacer determinadas cosas bien, sin ningún esfuerzo? ¡Claro que no!

El talento es, más que nada, una posibilidad. Algo que se nos da bien, que nos gusta hacer, para lo que tenemos facilidad. Pero que no se desarrollará a no ser que le dediquemos tiempo, atención, cuidados.

A veces no está claro cuál es nuestro talento, pero eso no significa que no lo tengamos. Solo hay que saber verlo. Para descubrirlo hay que explorar, atreverse a hacer cosas nuevas, por ejemplo, participar en un premio de relatos en el colegio.

También puede ocurrir que no le demos demasiada importancia a nuestras habilidades. Cocinar, contar chistes, jugar al fútbol, pintar, cantar, escribir, resolver problemas matemáticos, o sencillamente tener paciencia y saber escuchar. Podemos pensar que hay otros que lo hacen mejor que nosotros. O quizá tengamos miedo a hacer el ridículo, como si deseásemos algo que está fuera de nuestro alcance. Puede ser, incluso, que creamos que para que valga la pena dedicarle tiempo y esfuerzo debería existir la promesa de que algún día nos haga ricos y famosos. Desde esa perspectiva cualquier cosa que no lleve a este punto se convierte en un fracaso, y ¿por qué arriesgarse a fracasar?

Es la idea de que el talento es limitado. Que solo pueden tenerlo unos pocos para que sea realmente valioso. Que cuanto menos lo posean, más valioso es. Así, es muy común la figura del artista que desprecia sistemáticamente a sus colegas poniendo en duda su autenticidad, su originalidad, su calidad. Los ve como contrincantes en esa exclusividad sobre el verdadero talento. Su mera existencia es una amenaza, mina su confianza, porque ¿hay acaso talento para todos? ¿Es su talento de menor categoría? ¿Tiene el mismo valor si hay otros que igualmente lo dominan? ¿No será él mismo el estafador? Algunos ni siquiera lo intentan, desestiman directamente la posibilidad de explorar tal o cual campo porque ya hay una persona en su entorno que destaca en él.

Es una pena verlo de este modo. A mi entender el talento es infinito. Repitámoslo: el talento es infinito. La posibilidad, la potencialidad, lo es. En su esencia. No importa que lo dominen dos personas en todo el mundo, diez, cien, o mil millones. Nos hará igualmente felices.

Con los cuidados adecuados, ese talento que inicialmente es pequeño puede crecer y convertirse en algo que enriquezca nuestra vida cotidiana, nos dé momentos de alegría, un proyecto en el que avanzar, algo que compartir, experiencias y desafíos nuevos que afrontar. Algo que nos haga más felices y que, de un modo directo o indirecto, también haga felices a quienes tenemos a nuestro alrededor.

Pienso que premios como el Fuencisla García Nieto, abiertos, participativos, amplios en su reconocimiento, buscan precisamente eso. Fijar su atención sobre todos nosotros, alentarnos a descubrir que podemos disfrutar escribiendo, recordarnos que es emocionante probar a hacer cosas distintas, que tenemos que mirar a nuestro alrededor con confianza y lanzarnos a participar en el mundo de la manera más activa y creativa posible. Y es que descubrir y apoyar el talento de los demás, ya sean alumnos, hijos, amigos, parejas o simples conocidos, es uno de los talentos más bonitos que hay.

Muchas gracias por invitarme a compartir este día con vosotros y felicidades a los premiados y a todos los participantes.

¿Por qué escribes para niños?

A menudo me preguntan por qué escribo para niños. Hay quien asegura, al preguntármelo, que sería incapaz de algo semejante. Lo dicen como si se tratase de escribir en un idioma olvidado. Otros, más bien, parecen no entender semejante extravagancia, aunque les tranquiliza su apariencia tan insignificante. Algunos quieren creer que yo misma vivo en un cuento, como si fuese un personaje corriendo tras un conejo que llega tarde a su cita, y otros, los menos, me miran con pena, dudan, titubean, y desean preguntarme si de esto se vive hoy en día. “Difícilmente”, les diría, si preguntasen, pero casi nunca preguntan.

Lo cierto es que me hace feliz escribir para niños y jóvenes. Y que por diversos motivos, algunos de los cuales intentaré dilucidar ahora, acuden a mí una gran cantidad de historias que sé de inmediato que serán disfrutadas mayoritariamente por los lectores más jóvenes. Es cierto, sin embargo, que siempre confío en que produzcan placer también a aquellos intrépidos y sabios adultos que derrochan alegremente su tiempo en este tipo de lecturas. (Todo un despilfarro teniendo en cuenta que no podrán ser comentadas más que en restringidos círculos, quizá tan restringidos como la habitación de sus hijos. Aunque, por otra parte, ¡qué conversación extraordinaria para concluir el día!)

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by Anastasia Elías

Escribir para niños mantiene atenta mi mirada sobre las cosas aparentemente inútiles. A veces es en detrimento, es cierto, de las útiles, pero a cambio me proporciona una fuente de alegrías a la que difícilmente querría renunciar. Este trabajo, a duras penas considerado como trabajo por la inmensa mayoría, me permite indagar en la misma tarde en la desmesura de los príncipes mongoles durante el Raj británico y preguntarme, a continuación, con gran interés, por los sistemas de riego y canalizaciones de la Grecia antigua.

Otro aspecto placentero es que en este trabajo es imprescindible perder el tiempo. A veces se me olvida y los resultados son funestos. Y es que perder el tiempo, como todo el mundo sabe, no es sencillo. Al menos si pretendes hacerlo despreocupadamente y sin ningún sentimiento de culpa, una emoción francamente molesta que suele impedir que las ideas que tienes en tu mente se organicen por fin y sepas cómo termina esa historia. Encontrar el equilibrio justo entre la conquistada rutina, necesaria para dar forma y fundamento a todas las historias que acuden, y salir de ella el tiempo necesario para no convertirte en una bruja con siete gatos, es un esfuerzo titánico lleno de sonados fracasos.

Por otra parte, no sé si en ningún otro trabajo jugaría a mi favor esta memoria mía. Es sabido que tengo por cabeza un colador por el que pasan muchas lecturas, sí, visitas a museos, sí, artículos de todo tipo, también, pero de los que apena quedan datos concretos, solo una amalgama primigenia que tiene como única cualidad el poder convertirse cualquier día en materia de un cuento.

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by Anastasia Elías

Me gusta escribir para niños. Hay quien dice que el vocabulario en estas obras es por definición limitado. Me quedo estupefacta. ¡Todo lo contrario! El vocabulario puede ser, si lo deseas, exuberante, explosivo, extraordinariamente preciso o escandalosamente extravagante.  ¿En qué otra disciplina podría utilizar palabras como pirata, brigadier, jirafa, gabinete, rubíes, equinoccio, en cuestión de unas pocas páginas? ¿Quién me permitiría inventarme otras nuevas, “caracolius cristalinus”, y hacerlas tan reales como plátano, zapato, patata?

Por otra parte, me gusta tomarme con cierto humor el juego literario en el que el lector y yo andamos metidos, y los más jóvenes siempre están dispuestos. También me gusta construir con cuidado un lugar donde estar, con sus personajes, sus paisajes y sus peligros, y ofrecérselo a quien me siga. Asegurarle que podrá volver allí siempre que lo necesite, que será un buen lugar donde ocultarse, que será bienvenido. Los lectores adultos desconfían de los refugios, los lectores más jóvenes intuyen que es imprescindible contar con alguno.

Me gusta, también, del escribir para niños, el poder decir alguna verdad sin grandes aspavientos, con la sencillez de quien no tiene que aparentar haber descubierto nada nuevo.

Y por último, me gusta porque aún tengo mucho que aprender. Porque todo está aún por ser hecho. Porque hay que saber hacerlo muy bien. Porque a ellos, precisamente a ellos, que podrían aceptar por válido algo menos bueno, hay que darles lo mejor. Y porque el día menos pensado, hoy, se muestran como críticos exigentes, implacables y sinceros.

 

Este texto apareció en la revista Leo y Lía, dedicada a la literatura infantil y juvenil y publicada por LIBRERíAS L, un grupo de librerías independientes de distintas ciudades de España, unidas por el convencimiento de que trabajando juntas pueden seguir conservando su sello personal y a la vez llegar más lejos. 

 

 

¿Y qué contamos en la fiesta de Edelvives?

El pasado 9 de junio, jueves, se celebró en Madrid la entrega de los Premios Edelvives 2016. Y allí estuvimos Isabel Hojas (recién llegada de Santiago de Chile) y yo para recoger nuestro premio de álbum ilustrado para nuestro proyecto “La familia de la vajilla impar”, que se publicará en otoño.

La entrega de estos premios van acompañadas cada año de una gran fiesta, en la que la editorial sorprende a los invitados (¡y a los premiados!) con una puesta en escena siempre distinta y espectacular. Este año se celebró en el Nuevo Teatro Alcalá y giró en torno a la danza y pudimos disfrutar de distintos números de danza a cargo de la compañía Los Vivancos, alternándose con la lectura de algunos fragmentos de las obras premiadas y la proyección de imágenes relacionadas con ellas.

Y tras una divertida entrada en escena de los premiados en el escenario del teatro (¡bajo la inmensa capa roja de uno de los bailarines!) nos tocó decir unas palabras sobre nuestro trabajo. Esto es, aproximadamente, lo que contamos Isabel y yo sobre “La familia de la vajilla impar”, por si a alguien le apetece curiosear.


Voz en off acompañando a las  imágenes del álbum a modo de introducción:

La-familia-de-la-vajilla-impar---Beso-720pxHay quien piensa el mundo en números pares.

Dos candelabros, cuatro cucharas, seis tenedores, ocho copas de vino.

Pero lo cierto es que la vida está llena de números impares, de pérdidas, de reinvenciones, de extravíos.

Esta es la historia de la familia de la vajilla impar… y de sus incontables amigos. 

 

Isabel Hojas y Catalina Gonzalez - Premio Album Ilustrado Edelvivies 2016

Isabel Hojas y Catalina Gonzalez, posando con dos de las ilustraciones

Palabras de Isabel Hojas

Hace unos años nos conocimos con la Cata en la feria del libro de Guadalajara. Nos hicimos amigas y nació la idea de hacer algún libros juntas. La idea quedó rebotando y se hizo más fuerte luego de que la Cata viniera a Chile con su novio José de visita.

Con la Cata nos tomamos las cosas con calma, paso tiempo y entre otras cosas, me casé. Uno de los regalos que nos hicieron, fue un juego de loza. El regalo nos lo hizo mi tía abuela Felisa: loza blanca, de porcelana, para las comidas más elegantes.

Cuando entra ese tipo de cosas a mi casa , como una especie de rito y para que quede listo para usar, lo lavo. Luego de lavar todo, hice espacio en un mueble y lo guardé.

Al terminar, miré todo el juego, los platos apilados en pequeños montones, las muchas tazas y tacitas. Antes de cerrar la puerta del mueble, pensé, con esa mezcla de aprehensión y ansiedad que generan las cosas nuevas : ¿Cuánto tiempo me irá a durar completo? Esa misma tarde, la Cata me mandó un mail, con la historia de la vajilla impar. Fue una invitación irrenunciable.

 

Palabras de Catalina González

premiados Premios Edelvives 2016

Autores premiados – Premios Edelvives 2016

La historia del álbum es muy sencilla. A través del recuento de piezas de su vajilla cuenta la historia de la familia protagonista a lo largo del tiempo, desde que los niños son pequeños hasta que crecen.

Desde el principio quisimos que fuese un cuento acogedor. No solo porque habla del hogar, sino porque nos apetecía dar forma a un álbum en el que perderse, en el que mirar y mirar. Un álbum al que quisieras regresar, como se regresa una y otra vez a las pequeñas anécdotas que van dando forma a la historia familiar. Isabel ha conseguido eso y mucho más, pues ha llenado ese espacio doméstico de calidez, de humor y también de verdad.

Una de las cosas más bonitas del proyecto es que hay un continuo juego entre texto e ilustración. Mientras el texto se centra en el recuento de las piezas, con sus continuos ajustes y correcciones, las ilustraciones nos muestran escenas cotidianas en las que podemos descubrir el destino que esas piezas han sufrido, demás de apuntes sobre pequeñas tramas que vamos siguiendo a lo largo del tiempo.

Hay mucho de Isabel y de mí en este álbum. De nuestras infancias y también de los libros que nos gustaban de niñas, a miles de kilómetros la una de la otra.

Me gusta pensar que este es un cuento feliz sobre una familia imperfecta. Una celebración, en definitiva, del estar juntos y quererse.

Preparándonos para el premio Edelvives

Ya han llegado las invitaciones para la fiesta de entrega de los Premios Edelvives de este año. Dentro de poco Isabel Hojas subirá al avión y nos encontraremos a este lado del charco para celebrar ese momento con los demás premiados: Mónica Rodríguez en la categoría de narrativa juvenil y Daniel Hernández Chambers en narrativa infantil.

Será el próximo jueves, día 9 de junio, en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid, en compañía de familia, amigos, colegas y el equipo de edición de Edelvives, con el que Isabel y yo llevamos ya un tiempo trabajando para que el próximo otoño nuestro álbum, “La familia de la vajilla impar”, esté cuidado hasta el último detalle.

Van a ser unos días bonitos, seguro. En próximas entregas, la crónica del evento 😉

Roald Dahl cumple 100 años

Para celebrar el centenario de nacimiento de Roald Dahl, uno de los más queridos escritores de literatura infantil y juvenil del siglo XX, la revista Barbar nos ha lanzado un  par de preguntas sobre su obra a varios autores e ilustradores.

Siempre es estupendo hablar de los libros que te gustan, pero si son los de Dahl lo es aún mejor. Estas son mis respuestas:

¿Recuerdas cuál fue el primer libro de Roald Dahl que leíste?

Las-brujas--Roald-Dahl-1070x642Si no me equivoco, fue Las brujas. Lo saqué de la biblioteca y aún recuerdo esa mezcla de diversión y asombro ante lo que leía. Como diciéndome “Esto no es lo que suelo leer”, “Esto da un poco de miedo…”, “¿No se está pasando un poco aquí el escritor?”. Eso me encanta de Roald Dahl, como cuando comienza James y el Melocotón Gigante contándote que sus padres han muerto ¡devorados! por un rinoceronte. Esa mezcla suya de humor, de algo terrible y a la vez emocionante, de personajes que son más niños que héroes y a la vez se enfrentan a grandes dilemas de una manera valiente, descarada, intrépida.

Curiosamente, el libro que se veía mucho en aquellos años era Charlie y la fábrica de chocolate. ¡Estaba en todas partes! O esa era mi sensación. Pero yo le tenía manía a la portada. No me gustaba y me resistí a leerlo por más que se cruzase en mi camino. Ahora la he buscado en internet la imagen de la edición de aquellos años de Alfaguara, y no es tan terrible. Sin embargo, sospecho que si en su portada hubiese encontrado un dibujo de Quentin Blake lo hubiese leído entonces y no tantos años después.

Si tuvieras que recomendar solo uno de sus libros, ¿cuál sería? ¿Por qué este en concreto?

Es realmente difícil elegir. Matilda, Las brujas, James y el Melocotón Gigante, Cuentos en verso para niños perversos y Charlie y la fábrica de chocolate son probablemente mis favoritos.

Pero si tengo que recomendar solo uno… me quedaría con Matilda. Su amor por los libros, su independencia en un entorno hostil y su capacidad, a la vez, de reconocer y aproximarse a lo que le es afín, la convierten en un personaje de esos con los que te encariñas para siempre.

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Además, creo que Matilda es uno de los libros más redondos de Dahl. Aunque soy una gran admiradora de toda su obra, pienso que algunos de sus títulos tienen una primera parte fabulosa, que te encandila y te seduce, y que después, de algún modo, ni siquiera él es capaz de estar a la altura. Todas las maravillas de la fábrica de chocolate no son comparables a la mezcla de emociones que provocan las primeras páginas de ese libro, con el joven Charlie deseando desesperadamente encontrar la tableta premiada, la familia acurrucada en la pequeña casa junto a la gran fábrica, el peso de la tableta de chocolate en sus manos…

Sea como sea, Roald Dahl es uno de esos escritores de los que recomendar sin dudarlo todos sus libros. Una apuesta segura. Puede que unas historias te gusten más y otras algo menos, pero disfrutarás con todas y de cada una te quedarás con algo, una imagen, un personaje o una buena carcajada.

Si queréis conocer cuáles son las recomendaciones de autores como Diego Arboleda, Pedro Mañas, o ilustradores como Patricia Metola, podéis encontrarlos aquí.

Entrevista para La Gata de Almohada

A raíz de la concesión del Premio Álbum Ilustrado Edelvives 2016 a Una vajilla impar, estuve conversando con Mariluz, de La Gata de Almohada, sobre el trabajo que hay detrás de este proyecto y otras curiosidades más.

Traslado aquí una de las cuestiones que se plantearon, acerca del trabajo entre ilustrador y autor. La entrevista completa podéis encontrarla en este enlace.


L.G.A: Hemos leído en tu blog la bonita relación, si nos permites la palabra, gestada entre tú y la ilustradora de este libro, Isabel Hojas. ¿Cómo de importante es para ti que entre ambos creadores en este caso, haya esa chispa? ¿Cómo ha funcionado en Una vajilla impar?

La “chispa” personal entre el ilustrador y el escritor no es imprescindible para que un proyecto vea la luz, ni para que sea excelente. El editor puede hacer perfectamente de bisagra, de tal modo que ni siquiera lleguemos a conocernos personalmente. De hecho, probablemente este sea el camino más habitual, y yo estoy feliz con algunos libros que se han resuelto de ese modo. Sin embargo, para mí es un gran placer trabajar con ilustradores cuyo trabajo me interesa y con los que me siento cómoda, a gusto. Formar equipo con ellos, sorprenderme con los resultados que van obteniendo, encontrar el equilibrio en la forma de trabajar, distinta para cada persona, aprender a mirar a través de sus ojos. Todo eso me enriquece mucho, y me siento muy afortunada de poder disfrutarlo.

Eso incluye la relación personal que se establece con el ilustrador con el que estás armando el proyecto. Generalmente los contactos son a distancia, a través de mails y llamadas, y para alguien que trabaja muchas horas a solas, como decía antes, incluir este tipo de dinámicas dentro de la rutina cotidiana es muy refrescante.

 

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Con Isabel Hojas la “chispa” ha estado ahí desde el primer momento. Nos conocimos, nos hicimos amigas y pensamos en hacer algo juntas. Por eso digo que para mí este álbum está unido indisolublemente a ese proceso en el que hemos ido ir cultivando y afianzando nuestra amistad. Y eso forma parte de las recompensas cotidianas de las que hablaba antes. Un nuevo boceto que llega a tu correo, un intercambio de opiniones sobre esta o aquella ilustración, contarnos cómo nos va la vida… todo eso hace que el trabajo esté entrelazado con lo que le da sentido.

Un placer y una alegría colaborar con esta estupenda revista online de literatura infantil y juvenil.

P.D. La imagen principal de la entrada es la mesa de Isabel Hojas en algún punto del proceso de trabajo de La vajilla impar.

¡Ganamos el Premio Álbum Ilustrado Edelvives 2016!

El álbum Una vajilla impar,  ilustrado por Isabel Hojas y escrito por mí, ha ganado el Premio Internacional Álbum Ilustrado de Edelvives 2016. Un alegría que nos encanta compartir con nuestros lectores a ambos lados del charco.

Isabel Hojas, ilustradora

Isabel Hojas, ilustradora

¿Y cómo surgió este proyecto? Veamos… Isabel Hojas  y yo nos conocimos hace poco más de cuatro años, en la Feria del Libro de Guadalajara, México. En uno de los hoteles cercanos al Feria nos juntamos por casualidad un pequeño grupo de ilustradores, agentes y autores de ambos lados de océano y durante unos días disfrutamos de fantásticos desayunos y divertidas cenas en tan buena compañía.

Así nos hicimos amigas Isabel, chilena, y yo, española. Y así conocí su trabajo, variado y sugerente en cada libro, pero aún más, lleno de emoción y calidez, como ella misma. Y a partir de ahí, ha ido creciendo nuestra amistad transoceánica y este proyecto en común.

La historia del álbum es muy sencilla, se trata del recuento que hace un padre de familia de las piezas de vajilla que tienen en casa. Una vajilla que dista mucho de estar completa, y que irá rompiéndose, extraviándose o siendo reutilizada para otros fines.

Este inventario, continuamente corregido, nos permite recorrer distintas escenas de la vida doméstica de los protagonistas y también avanzaren el tiempo, pues los hijos crecen, algún ser querido desaparece, el padre envejece. Como ocurre con la propia vajilla, también la vida está llena de cambios, pérdidas y hallazgos. Al final, las imágenes nos cuentan que lo que importa es cómo se disfruta de esos platos, esas tazas y esas cucharillas, o dicho de otro modo, cómo entrelazamos nuestras vidas a las de nuestra familia y a las de las persona que queremos.

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Ilustración interior de “Una vajilla impar”, por Isabel Hojas

Por si esto fuese poco, Isabel ha puesto en este álbum mucho de sí misma. Por eso, mientras iba esbozando la vida de la familia protagonista, con sus momentos felices y sus momentos tristes, pero con mucho amor, hemos podido compartir esas sensaciones y esa forma de entender la vida.

Para mí este proyecto ha sido algo que ha servido para armar nuestra amistad, para cuidarla y hacerla crecer. Intercambiar emails con Isabel, cada una con nuestra estación del año, cada una con nuestro horario, cada una con sus pequeñas historias vitales como trasfondo del trabajo en común, sigue siendo una alegría. Ahora toca celebrar este Premio de Ilustración de Edelvives y seguir trabajando. ¡Qué gran suerte!

¡Leoteca!

Leoteca es una comunidad dirigida a los jóvenes lectores en la que pueden compartir sus lecturas preferidas, comentar los libros, encontrar nuevas sugerencias y,  especialmente en el contexto escolar, participar en actividades de animación lectora.

Hace tiempo que había visto aquí y allá menciones a esta plataforma, incluso había entrado y curioseado un poco. Vi que era bonita, y que tenía un uso sencillo. Pero con tantas cosas a las que atender ¡redes sociales, blogs, correos! no llegué a investigar a fondo. Ahora que lo he hecho estoy enganchada. Aunque esté pensada para los niños, así como para sus padres y sus profesores, es genial para cualquiera que esté interesado en el mundo de la literatura infantil y juvenil. Confeccionar la biblioteca de libros leídos, seleccionar los favoritos, marcar todos los que quieres leer, es un verdadero placer. Y aún más echar un vistazo a las bibliotecas de otros lectores para descubrir nuevos libros o redescubrir otros que olvidaste y que bien merecen ser leídos de nuevo.

Me hace feliz tener conmigo los libros que me gustan. En papel, en las estanterías, bien elegidos. Me acompañan día a día, aunque haga mucho que los leí por última vez, y siguen haciéndome pensar y sentir aunque estén cerrados. Algo que me gusta mucho de Leoteca es que esta biblioteca virtual, con sus bonitas portadas una junto a la otra, me ofrece también esa sensación de mano tendida, de libros que he leído y a los que podré volver ahora que los tengo más presentes, que podré compartir y explorar de nuevo.

Así que, ¡uniros a la Leoteca! Formad vuestras bibliotecas, hacer recomendaciones a amigos, a vuestros hijos, sobrinos, alumnos. No es una invitación desinteresada. ¡Estoy deseando curiosear en vuestras estanterías!

Nuestro cocodrilo viaja a Bolonia

Cada año la Feria de Libros para Niños de Bolonia, la más importante en este ámbito, reserva un espacio para exponer una selección de trabajos de ilustradores de todo el mundo.

Es una alegría que este año hayan seleccionado de nuevo el trabajo de Iratxe López de Munáin, en concreto  las ilustraciones que ha realizado para nuestro proyecto en marcha, “El cocodrilo que buscaba el Nilo”.

Felicidades también a Violeta Lopiz, Manuel Marsol y los demás ilustradores seleccionados. Es una suerte para los autores ¡y los lectores! contar con personas con tanto talento.

Lampedusa lector

El viernes visité la exposición sobre las lecturas de Lampedusa que se expone en la Casa del Lector, en Matadero, Madrid. Es una exposición modesta en su aspecto pero muy rica en contenido, ofrecido en pequeñas píldoras.

Ordenados por tradiciones literarias, anglosajona, francesa y con una pequeña visita a las lecturas españolas de Lampedusa, se exponen algunos de los libros que pertenecieron a su biblioteca personal, así como apuntes manuscritos en los que recoge las impresiones que sobre estos quería compartir en sus sesiones de lectura con su joven discípulo, Francesco Orlando.

 

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Biblioteca de Lampedusa

 

Cada autor viene acompañado de un breve texto introductorio, siempre interesante, y se destaca una cita de Lampedusa referente a él. En mi opinión el gran mérito de la exposición es que estas citas están muy bien escogidas y son tan potentes que bastan para darle fuerza y vida al recorrido. A través de ellas logramos sentir la gran pasión de Lampedusa por estos autores y podemos hacernos una idea de la profunda comprensión que tenía de sus logros y de la arquitectura que sostenía sus obras.

Como muestra tres de sus apuntes:

Stendhal ha logrado resumir una noche de amor en un punto y coma”.

“La Rochefoucauld desmonta tornillo a tornillo el mecanismo de las acciones humanas y consigue encontrar el eje que lo mueve todo: lo que él llama amor propio y ahora nosotros llamamos egoísmo. Nos presenta una humanidad brutal a pesar de la perfecta urbanidad del lenguaje y el estilo de diamantina simplicidad y claridad”.

“Las ideas de Montaigne puede ser bellas y buenas; otros las tuvieron antes que él, otros las tendrán después. Las ideas se dan siempre en número limitado, como las sensaciones, como las confesiones. La única droga que embalsama por los siglos de los siglos la momia de las ideas, es el estilo. El estilo de Montaigne.”

 

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Giuseppe Tomasi Lampedusa (Palermo, 1896 – Roma, 1957)

 

Remata la exposición un manuscrito de El Gatopardo – con una caligrafía limpia y extremadamente ordenada, en lo que supongo que será una copia en limpio de la obra-, fragmentos mecanografiados de su famosa novela, y un recorrido paralelo por la adaptación que hizo de ella Visconti en 1963.

“Leer bien para vivir mejor”, es el subtítulo de esta exposición en la que junto a Mercedes Monmany ha participado como comisario el hijo adoptivo de Lampedusa, Gioacchino Lanza Tomasi. Toda una declaración de principios o quizá solo una forma de estar en el mundo.